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13/10/2010
Primera Persona | Jugó en todas las categorías
PASQUINELLI COLGÓ LAS ZAPATILLAS
Martín Pasquinelli forjó una carrera en base al sacrificio. El interno nacido en La Emilia recorrió todas las categorías del básquet argentino y poco a poco se hizo un nombre. Los inicios, el camino recorrido, los momentos duros, los buenos, el paso por Rosario para estudiar y jugar que lo marcó, los amigos y mucho más se ven reflejados en esta nota de su puño y letra en el momento de haber tomado la dura determinación de ponerle punto final a su carrera. Es un gusto poder ofrecer la palabra escrita de un gran tipo y de un amigo del básquet y de la vida. Martín Pasquinelli en primera persona.
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Lo primero es la familia
¿Cómo empezar con mi carrera basquetbolística, con lo larga que fue? Todo comenzó en mi época de secundaria, donde tuve mi primera experiencia profesional en un equipo de barrio de San Nicolás: mis primeros pesitos los gané jugando para el Automóvil Club San Nicolaá, que me albergó luego de que mi pueblo, La Emilia, se quedara sin básquet. Ahí jugué por primera vez un regional de clubes a los 17 años. Gané experiencias, muchas, y amigos que aún mantengo. Era una familia antes que un club.
Al terminar la secundaria mi cabeza se dividía en seguir estudiando o dedicarme al básquet de lleno y fue un lindo proyecto en la ciudad de Ramallo el que inclinó la balanza para el lado del básquet.
Social fue el equipo que encaró el regional de clubes buscando el ascenso a la Liga B y lo logramos el primer año. Se repetían muchos nombres del año de Automóvil, Gustavo Brog, Claudio Butus, Popi (amigos del alma hasta hoy), Otero, y se agregaban otros para jugar la B que darían que hablar en el básquet nacional; Pablito Prigioni por ejemplo!!! Fueron dos años lindos que sirvieron para pegar el salto al TNA.
Belgrano de San Nicolás fue la elección para esa gran experiencia para mis cortos 20 años y vaya si lo fue, terminamos siendo campeones y ascendiendo a la Liga A. De aquel equipo de Social, sólo pasamos a Belgrano Prigioni y yo. Fue un año de muchos triunfos con un plantel que explotó cuando nadie daba nada. Gallo, Del Set, Laverdino, López y Thorton eran los hombres que llevaban la bandera con un grupo de chicos que los secundábamos. En el medio de toda esa alegría me surgió un problemita de salud que en definitiva no lo era tanto, que me alejó de las canchas varios meses. 
Cuando todo quedó atrás, ya no tenía tiempo para jugar por las categorías nacionales, y el Torpe Acosta (DT que me dirigió en Social), me rescató y me llevó a Rosario a un club de barrio llamado Sportivo Constitución. El equipo estaba finalizando la temporada y peleaba el descenso de la primera categoría rosarina. Acosta fue desplazado de su cargo al poco tiempo y entró en su lugar un histórico del club, Gustavo Lafranchi, un amigo entrañable que me quedó de esa época.
Ese año salvamos la categoría y al año siguiente con el mismo equipo más David Miranda que se agregó, hicimos un año tremendo en el que terminamos perdiendo la final con el poderoso Rosario Central. Bengolea, Ortenzi, Pedraza, Pasquinelli y Miranda debe ser un quinteto que debe haber quedado en el recuerdo no sólo de los seguidores cueveros, sino también de todo el básquet de Rosario.
Muchos amigos me quedaron de mi experiencia en la cueva, Gustavo Lafranchi, Fede Sauro, David Ferrara y varios más que se me pasan en este momento............
Una vez terminado el año en Rosario, lo inesperado, Luis Oroño, técnico de Regatas de San Nicolás y ex compañero en Social en la Liga B, me llamó para formar parte del equipo en la Liga A. Un salto no esperado por mí ni por nadie, pero que estaba dispuesto a aprovechar.
Tres temporadas en la liga con Regatas para pasar a un grande de Argentina en ese momento, Estudiantes de Olavarría, dirigido nada menos que por Sergio Hernández. Fue un año bárbaro en donde adquirí mucha experiencia de un DT que día tras día te deja algo en cada entrenamiento.
Pero un mal manejo de los muchos que hay a nivel dirigencial, me dejó a un día del cierre del libro de pases, afuera de la vuelta Regatas y de la Liga A. Otro duro golpe al que tuve que reponerme.
Ahí se dio mi llegada nuevamente al TNA, esta vez a otro equipo histórico, Independiente de Pico.
Regatas, pero ya en el TNA, fue mi siguiente temporada, buen año de la mano de Diego Riboldi: Quedamos eliminados en semis por Ciclista de Junín, que terminaría ascendiendo esa temporada. El equipo jugaba muy bien y tenia varios conocidos, Lucas Gornatti, Bertucelli, Hedman y Small, entre otros.
La temporada siguiente me catapultó a mi larga estadía en Junín, primero San Martín en el TNA, muy flojo año en el que perdimos la categoría (primera y única vez en mi carrera). Junín es una ciudad que respira básquet, lo que lo hace lindo y tedioso a la vez, por eso a pesar del mal año en lo colectivo, pero el muy bueno en lo individual, hizo que pusieran sus ojos en mi los dirigentes de Ciclista, que en ese momento se encontraba en la Liga Nacional A.
Antes de volver a la A, en el receso, volví al básquet de Rosario para jugar para mi amigo Lafranchi esta vez en Fisherton. Fue corto pero lindo por volver a jugar para ese loco lindo que es Gustavo. Lindo club con buena gente como los hermanos Armesto...
En Ciclista pasé los peores cinco meses de mi carrera, ya que el técnico, Adrián Capelli no me tenía en cuenta y no pisaba la cancha ni en los entrenamientos, otra cachetada que me daba la carrera. Lo único bueno de ese lapso fue que conocí a mi mujer con quien tengo un hijo hermoso.
A mitad de temporada decidí cambiarme de equipo porque en Ciclista estaba muy mal. El cambio se dio y llegue al Nacional de Monte Hermoso, que había clasificado al TNA1. Hicimos un récord de 8 partidos ganados consecutivos que nos dio la posibilidad de ascender a la Liga A. Definitivamente me volvieron las ganas de jugar. Segundo ascenso en mi carrera en un lugar paradisíaco con unos dirigentes que deberían ser ejemplo para muchos. Sin dudas que de El Nacional tengo mis mejores recuerdos, un técnico, Juan García, que creyó en mí en mi peor momento, un grupo de jugadores maravilloso que me abrazó y me hizo parte de ellos apenas llegué e hicieron que me diera cuenta que yo no era el problema en Ciclista, que no me había olvidado de jugar.
Ya radicado en Junín, quien se interesó fue Argentino. Fue un año que arrancó muy mal y terminó casi con la gloria. Estuvimos últimos hasta diciembre, y viniendo del TNA2 eliminamos a Ciclista y San Martín de Marcos Juárez para perder la final por el ascenso con Lanús. Un gran recuerdo de esa temporada es que jugando los playoffs con San Martín, nació mi hijo Francisco.
Cuando todo parecía decir que ya no me movería de Junín, Argentino decidió no continuar con mis servicios y nos trasladamos a Charata, Chaco, con mi mujer y mi hijo de tan sólo 4 meses. Otra mala experiencia en todo sentido que terminó con mi salida del equipo en enero. El desgaste mental fue tan grande que ya no quería seguir jugando. Dirigentes de la peor calaña que conocí en mi vida llevan adelante un club engañando y estafando jugadores, técnicos y demás.
Firmat confió en mí para terminar esa temporada tan mala y fue bueno porque me encontré con un técnico muy bueno como Mario Guzmán y un grupo de jugadores excelente que me dieron fuerzas para seguir y cerrar un año de buena manera.
Ya otra vez en casa, evaluaba el retiro a mis 34 años luego de 16 años ininterrumpidos de carrera. Pero llegó Argentino, club que está a cinco cuadras de mi casa y la ilusión volvió a renacer. Histórico año, récord de triunfos, invicto de local, capitán de un grupo genial que terminó con la captura del campeonato por primera vez en la historia para el club. Mi tercer ascenso que quedará grabado en mí por el resto de mis días. Los voy a a nombrar a todos mis compañeros porque fue junto con el grupo del Nacional, de esos de los que no te querés separar nunca más y que lamentablemente se disuelven sólo porque es así el deporte. Santi Scala, Lucho Tantos, Javi Ceci, Selem Safar, Pablo Martínez, Lucas Bertucelli, Santiago Gonzalez, Pablo Espinoza y Kevin Francis, excelentes personas antes que jugadores de básquet. Conducidos por Jose Cottonaro que era uno más de nosotros, excelente también.
Si antes de esa temporada evaluaba el retiro, luego del ascenso y de decidir ya no moverme con mi familia de Junín, ahora el retiro estaba más cerca. Una dura decisión, ya tomada, muy pensada pero segura y definitiva.
Sólo me queda decir que lo mío sólo se basó en el esfuerzo, jamás nadie me regaló nada, pasé por todas y cada una de las categorías del básquet argentino y de todas aprendí algo. Salí campeón y me fui al descenso, pero siempre deje todo lo que tenía para dar. Por eso el retiro lo tomo tranquilo y agradezco a todos los que estuvieron conmigo empujándome día a día. Mis viejos, hermanos, tíos, abuelos y principalmente a mi mujer y mi hijo que los amo mucho.
Voy a extrañar entrar a una cancha a luchar y defender los colores de una camiseta, pero siempre voy a tener guardado en mi corazón esta carrera maravillosa que fue ser basquetbolista profesional.............
 
 
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