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09/05/2020
Página del recuerdo | Recuerdo
RECUERDO: EL FIN DE LA BÚSQUEDA PARA ESTUDIANTIL
Año 2004. Fue el desahogo, el fin de la búsqueda, la concreción de un sueño de barrio y el corolario de una apuesta emotiva y económica de un club y sus allegados para llegar a la gloria. La foto queda allí, la estrella se pinta sobre el escudo y la copa huele al champán (o cerveza) de la victoria. Eran tiempos de transformar las ilusiones en realidad y Estudiantil lo hizo.
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David Ferrara, @davidferrara35
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El festejo el día después
En la primera década del milenio, en los años pos tetracampeonato de Central (ya se viene ese recuerdo), fueron varios los clubes locales que comenzaron a apostar fuerte para lograr el ansiado título, la “caza” de las figuras más determinantes del mercado local fue una batalla de cada pretemporada y el descubrimiento de estudiantes que llegaban a la ciudad fue otra de las formas de encontrar talento para los planteles con aspiraciones a todo. Con el dominio canalla dilapidado por su dirigencia, su elenco de estrellas se redistribuyó en las competencias nacionales y locales, pero el juego se abrió y todos creyeron ver su momento de apostar fuerte.
Una de esas instituciones fue Los Rosarinos Estudiantil, que reunió durante varios años un elenco muy competitivo y realizó un denonado esfuerzo hasta conseguir el objetivo. Primero ganó la Copa de Campeones que organizaba Sportivo Constitución de la mano de Marcelo de la Fuente y luego, allá por 2002, se quedó con la Copa 150 Aniversario Rosario Ciudad con Gabriel Tomassetti como entrenador. Pero claro, el torneo oficial se venía negando y los nombres rutilantes de iban acumulando en el grupo. El 2003 fue de inesperada bronca, porque llegó como enorme candidato con un camino impecable y fue eliminado por el último clasificado, Atalaya, en primera ronda. El 2004 depararía el final de la búsqueda, el año de la consagración y de la gran alegría. El sueño se haría realidad.


“Fue colectivamente un grupo hermoso, los dirigentes nos mimaban. No fue un año sencillo porque hubo muchas lesiones, fue difícil desde lo físico e incluso en las finales se lesionaron Albanese, Olivier y Robledo. Pero hubo muy buenos aportes de los juveniles como Faranna, Córdoba, Ale Bellía, Abramovich. ¡Y cómo defendía Pato Peralta! Tengo el recuerdo de la calidad de jugadores y del grupo humano. Y de la bomba de Olivier contra Sportsmen en las semifinales”, se entusiasma Maximiliano Aquino, uno de los internos de aquel equipo de apellidos que dejaron huella en Rosario.
Y ya que Maxi lo trajo a colación, también repasa sus recuerdos el dueño de la última bola, el mortífero tirador firmatense Juan Andrés Olivier: “Veníamos de ganar un par de años antes un torneo corto, en el que no se pudo jugar la final (Ciclón y Talleres fue la semifinal suspendida por incidentes) pero nos dieron el título, pero también de perder de manera increíble en 2003, porque fue una temporada muy buena, íbamos primeros y antes de los playoffs se lesionaron Morello y Aquino. Jugamos primero contra octavo y perdimos con Atalaya. No te imaginás la bronca. Y de esa calentura nos juramos salir campeones con el club, que nunca lo había conseguido”.


“En el 2004 nos juntábamos todas las semanas a comer, con buenas charlas, sé que parecen frases hechas, pero es así, generalmente todos los equipos que logran algo consiguen esa química. Los viernes nos quedábamos todos, también los dirigentes. Y en el juego fue importante que los más jóvenes se adaptaron, entrenaron un montón se comprometieron y ayudaron a los más grandes. Nosotros les explicamos que se jugaba para salir campeones. La final fue contra Regatas, pero creo que la clave fue ganarle a Sportsmen en la semifinal”, afirma Olivier, el hombre del pulso infalible en los tiros ganadores, con decenas de antecedentes para rubricarlo grabados en la memoria de los seguidores del básquet rosarino.
Pero esta hazaña no la cuenta Andrés, sino que el encargado de detallarla es Leandro Faranna, el pibe que fue la sorpresa, el impacto de aquellos playoffs y en ese momento era un flaquito que soñaba con minutos en primera pero al que el destino le encontró un papel clave. Primero lo primero, semi ante Sportsmen, el partido se escapaba y el campo de acción para el coraje de Peteán y la mano caliente de Olivier: “El partido en Sportivo América era muy parejo, íbamos abajo y la ultima jugada me la acuerdo patente; agarró la pelota Pablo Peteán, corrió desesperado, cruzó toda la cancha, encaró por el eje, penetró y descargó para Olivier, al ángulo, detrás de la línea de tres bien paradito. Él definió el partido con un triple sobre la chicharra. Fue de lo más emocionante”.
El tiempo hizo su trabajo y mientras algunos cuentan estar empatados, otros dicen que estaban abajo en el marcador, por uno o por dos. Tampoco hay acuerdo en los detalles de esa serie ¿Era el 2 a 1 para pasar a la final o el 3 a 1? Los archivos de El Ciudadano están a un estante de distancia, pero en este caso es más romántica la duda, le suma la difusa nostalgia de la leyenda. Que cada historia se recuerde de la manera en la que quiera ser contada por sus héroes.


“Era chico y no tenía ni siquiera un minuto en primera. Como juvenil me iba bien, estaba entusiasmado y me quedaba a entrenar con la primera, y a veces si no jugaba en las prácticas me quedaba después también a tirar. En ese momento y sobre todo en Estudiantil en esos años no era algo tan común que pusieran a jugar a un pibe. Era un equipo muy competitivo y con muchas ganas de salir campeón, se hacía más difícil ganarse minutos. Estaban Pablo Albanese, Maxi Aquino, Gabriel Robledo y jugaban muy bien. Yo rotaba como juvenil con Alejo Bollini, Iván Soriano, Iván Córdoba, Marcos Galetto. Grimaldi no me tuvo mucha confianza, pero aunque el equipo ganada el se fue y llegó el Bicho Venturi y me empezó a dar minutos. Cumplí, me sentía bien y como ante Sportsmen Pablo Albanese se lesionó, me hizo jugar un montón. Es más, creo que en la final fui titular. Anduve bien y siempre voy a estar agradecido a mis compañeros”, cuenta Faranna, quien resume: “Para mi fue bisagra, fue clave porque aprendí mucho. Albanese y Robledo me enseñaron un montón. De ahí para adelante supe que iba a jugar al básquet”.
A esa altura, en playoffs, el entrenador del equipo era Edgardo Venturi, quien fue el tercer técnico del Estu en la temporada. “Comenzó Gaby Tomassetti pero se fue en plena pretemporada por razones personales y ahí se hizo cargo el Turco Grimaldi y aunque íbamos primeros no siguió por un problema con la dirigencia. Ahí se hizo cargo el Bicho Venturi, que acomodó los roles y nos llevó al título, es un señor, para sacarse el sombrero”, explica Ignacio Tripelli, el ¡base! del equipo: “Sí, jugaba de base junto con el Ale Bellía y también a veces como escolta. Fue un equipazo de punta a punta y eso que tuvimos esos problemas durante la temporada. Pero fue un equipo de figuras y muy buenas personas, muy unido”.
Para Venturi el recuerdo es motivo de orgullo y de mucho afecto por diferentes razones. Una de ellas es haberlo logrado en el club de sus inicios: “Lo primero que me acuerdo es haber regresado al club en el que empecé a jugar en mini. Después a los jugadores, a todos, los grandes y los pibes de ese momento. Hay que destacar el apoyo de los dirigentes que cumplieron con todo lo que hablamos en el momento de sumarme y también a los entrenadores anteriores, Gabriel Tomassetti y Claudio Grimaldi, porque ellos armaron y construyeron el equipo que me tocó dirigir a mí para obtener el campeonato”.
Y el Bicho, todo un histórico DT de la rosarina con apellido ilustre en el básquet provincial coincide con los jugadores en que la clave no fue sólo la “final con Regatas sino la semi contra Sportsmen”.


Desde Reconquista llega el cierre de la nota con Pablo Peteán quien a pesar de no haberse criado en el club se ganó el carácter de símbolo y un lugar en los corazones de los hinchas de la institución de calle Iriondo: “Le asigno un punto clave a la llegada de Venturi, un docente, con manejo de grupo que nos hizo darnos cuenta que podíamos ser campeones. En playoffs el cruce ante El Tala lo pudimos superar sin problemas, pero en semifinales fue lo más duro ante Sportsmen como contaron los muchachos”.


El ex concejal y secretario de Hacienda de Reconquista recuerda la serie final: “Nos cruzamos con Regatas, que a mi entender venía de una llave un poco más sencilla. Fuimos superiores en los primeros dos partidos, pero en el tercero, ya cerca de Navidad, el partido fue muy duro. Levantamos una desventaja grande y pudimos consagrarnos en un torneo largo”.
Fue el desahogo, el fin de la búsqueda, la concreción de un sueño de barrio y el corolario de una apuesta emotiva y económica de un club y sus allegados para llegar a la gloria. La foto queda allí, la estrella se pinta sobre el escudo y la copa huele al champán (o cerveza) de la victoria. Eran tiempos de transformar las ilusiones en realidad y Estudiantil lo hizo.


 
 
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