U. y Progreso 36,5 8 2 10
El Tala 35,5 7 3 10
 Atalaya 35,0 6 4 10
 Temperley 34,0 4 6 10
CAOVA 32,0 3 7 10
Echesortu 28,5 2 8 10
Sportsmen 34,0 8 2 10
Náutico 32,0 6 4 10
Sp. América 28,5 7 3 10
Ciclón 28,5 6 4 10
Puerto 26,5 2 8 10
Talleres 23,5 1 9 10
         
         
         
         
         
         
         
         
     
 
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11/10/2007
Página del recuerdo
TODO POR UN ASADO

Cuantas historias se pueden contar en un solo espacio. Una o mil,  los personajes, rodearon mi vida de adolescente junto a la cancha de básquet de CAOVA, que estaba enclavada donde hoy esta el salón y tenia medidas de cancha en serio.

Juntarnos después de entrenar o de algún partido rodeando el buffet, que en aquellos días de esta anécdota concesionaba Rinaldi.

Algunos muchachos que de botar el balón y encestar sabían poco, se les ocurrió formar un equipo para participar en el torneo de novicios, como para despuntar el vicio, porque si algo aprendí es que este jueguito de mierda es un vicio que te llevas a la tumba, sin que ninguna organización de rescate pueda salvarte, un verdadero  VIAJE DE IDA.

Claro, que la suerte del equipo estaba echada antes de comenzar el torneo. Invictos sin ninguna victoria, y por supuesto, la pregunta después de cada partido era, por cuanto  perdieron.

Gimelito y yo, decidimos por no tener nada que hacer en la primavera y verano rosarino, seguir la campaña del” drink team “, porque después de cada partido el moscato , si moscato leyó bien, era la bebida de moda y a los muchachos a la hora de conseguir fondo blanco no les ganaba nadie.

A pesar de disfrutar lo lúdico, las derrotas consecutivas, semanas tras semanas, empezaron hacer mella en los integrantes de five, sobre todo por las chanzas de los que no jugaban a nada, pero cargaban a todos.

Un día del buffetero, se jugó,” si ganan un partido hay un asado gratis para los integrantes del plantel “, el hombre sabia, que tenia a su favor todos los números del talonario, pero nunca imaginó que su reto hizo poner en funcionamiento las pocas neuronas de todos (jugadores y seguidores, en realidad éramos dos).

Una noche después del desafío, había que ir a jugar a cancha de Fisherton, aquella al aire libre y con piso de polvillo.

Apenas llegamos Gerardo (que no era otro que Gimelito) le dice al Coqui  Navarro, unos de los muchacho integrante de aquel equipo de incapaces basquetbolistas, “anda firma la planilla y dame la camiseta”, Gerardo la rompía en cadetes menores (nominación de aquellos tiempos), pero se necesitaba la complicidad para cerrar la broma del hombre que era planillero, un bancario, tesorero del club, que entendió la propuesta.

Los contrarios no se iban avivar, porque como todos los equipos de esa categoría casi ni se conocían entre ellos, menos conocimientos del adversario, y el árbitro, nuevito el hombre, porque ese torneo se utilizaba para que hicieran sus primeras armas.

La misa en escena esta lista, empezó el partido, y Gemelito metió los 45 puntos de los nuestros contra los 44 de los muchachos con camiseta del Aston Villa.

Regreso a la zona sur, más allá de la medianoche. Algunos viejos socios amantes del amargo, sentados tomando fresco sobre el pedregullo que rodeaba la cantina, y todos nosotros con el pacto de mantener el secreto de la vía utilizada para lograr la victoria que acreditaba la planilla del juego, que se la llevaba el ganador, para entregarla en la Asociación . El tesorero en silenzio stampa, y el Coqui, con la prueba en sus manos llegó hasta el mostrador, para decirle a Rinaldi, que debía pagar la apuesta. Nunca olvidaré la cara del hombre, estupor, asombro, incredulidad y por supuesto, solo tenía una garantía de que aquello no fuera cierto, el planillero, hombre probo como pocos que conocí , debe haber asentido la primera y única mentira de su vida, recuerdo aún sus palabras “es cierto, Navarro la rompió”.

La apuesta fue pagada, el asado disfrutado como pocos, y el secreto mantenido hasta hoy.

En alguna cantina del cielo, Rinaldi, le hará algún reproche a Gimelito y al bancario, pero la charla terminará con alguna sonrisa y un  copetín de por medio.                                   

Jorge Leone 

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