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22/12/2007
Página del recuerdo
LA FINAL MáS INCREíBLE DE LA HISTORIA DEL BáSQUET

La pasada final por el ascenso a primera B me hizo recordar una vieja historia justamente entre los mismos equipos pero 40 años atrás, exactamente en 1967. Se enfrentaban Sportivo Federal y Edison para definir cuál de los dos conseguía justamente lo mismo que hace unos días consiguió Edison, el tan ansiado ascenso a primera B, categoría que contaba de 10 equipos y se dividían en grupos de 5. No recuerdo bien cómo era el sistema de clasificación y playoffs, pero sí sé que todos se quejaban. En fin, era una cagada...

Resulta que en esa época el conjunto de Edison era dirigido por Flavio Beto Méndez, quien era un revolucionario del básquet local que jugaba sin pivots (está claro que su teoría, la que la defendía a muerte, no tuvo mucho consenso). El decía que si todos bloqueaban y corrían no se necesitaban pivots, el juego era todo contraatacar y jugar uno contra uno, aunque nunca estuvo claro si pensaba eso realmente o lo decía para excluir de su equipo al gran, recordarán los memoriosos, Pedro Bolaño, un gordo 2x2 y 100 kilos que se comentaba franeleaba seguido con la hija de Beto.

Me fui un poco por las nubes, no quería contar yo cuestiones internas del club menos de mi querido Edison de mi infancia, y además soy muy parcial ya que no me acuerdo ni uno de los nombres de los jugadores de Federal. Tenían un base bastante bueno, sabía hacer bien la bandeja de derecha. Un ayuda que corría y saltaba (no se por qué no hizo un poco de atletismo), y jugaban con tres hombres altos para contrarrestar la falta de altura de Edison, equipo donde el jugador más lungo media 1,80.

Está claro que en la C del básquet rosarino de aquella epoca no sobraba talento y menos altura, pero lo que no faltaba era pasión.

El 7 de diciembre de 1967 (tuve que recurrir a La Capital del 8 de diciembre, todavía la guardo para los que no creen mi historia) el Edison Square Garden (en esa época soñábamos con parqué, 40 años después es la misma mierda la cancha) estaba repleto, colmado por 75 hinchas del anfitrión y unos 30 de la visita. Yo era un pibe, aclaro. La serie estaba 2 a 2 y era a 5, o 1 a 1 y era a 3, o era el primer partido y se jugaba a uno solo, no me acuerdo, pero la cosa es que definía quién ascendía. El que ganaba subía.

En esos tiempos, a pesar de no ser más de 75 hinchas, éramos bravos, no había bombos como ahora, solamente papelitos y botellas contra el piso, pero crean si les digo que la barra de Edison metía miedo. Todos lo decían.

Quedan 5 segundos, Edison gana por 1 con un golazo del Ruso Carliotti (no se por qué le decían Ruso y no Tano), tiene que reponer de fondo Federal y encima no tienen más minutos. El Edison Square Garden tiembla, late. En ese momento y mientras se desmarcaba el base de Federal para subir la pelota, los capos de la barra liderados por el gordo Alfredo que manejaba el tema del buffet, se ponen atrás del aro que defendíamos y lo empiezan a mover muy bruscamente. Tengo la imagen grabada de la frente sudada de Alfredo tironeando con fuerza para mover el aro, que ya amagaba con ceder. Los jugadores miraban aterrados y hasta algunos creo se alejaron por las dudas, yo miraba con el trapo de piso en los pies (era el pibito que limpiaba el piso) y sufría por mi Edison. Recibe la bola el base de Federal, corre en diagonal a mitad de cancha 6 o 7 metros, mete un cambio por delante dejando pintado al Ruso, levanta la cabeza, el tiempo se consumía, 4,3,2… en ese momento se da cuenta que el aro donde tenía que meter para ganar esta caído, sí sí, caído tal como lo dice la palabra. Toda la jirafa estaba en el piso y el aro había quedado acostado contra el piso. Hinchas en la cancha, los árbitros al mejor estilo Lamolina : Siga, siga. El base de Federal no tiene otra idea que la mejor: en el movimiento más espectacular que alguna vez pudo haber hecho un campeón de bochas de la época, o de Bowling ahora, tira la pelota rasante por el piso. Cara de pánico del gordo Alfredo que ve cómo poco a poco la pelota avanza por el piso, entra sin hacer ningún espamento por el aro y me viene directo a mí. La paro con el pie, lo miro al árbitro esperando que diga algo (estaba blanco el muchacho) y no se le ocurre nada mejor que indicar con su dedo índice y mayor hacia abajo que el doble vale, que perdimos el ascenso en la final y el tiro mas increíble de la historia del básquet.

Ustedes se imaginarán el quilombo que se armó, mientras los 12 de Federal (en realidad no se si llegaban a 10, debían haber sido 8 o 9) festejaban y los hinchas no lo podían creer, todo Edison estaba en medio de un dilema psíquico impresionante. Matarse o matar al árbitro.

Yo me quedé mudo, quieto, con los ojos abiertos, no lo podía creer. Algo similar les debe haber pasado a los muchachos de la barra porque ninguno fue como loco a matar a los jueces que enseguida se retiraron con el único policía que había en la cancha (era un hincha de Federal que era policía en serio, no era contratado por la Rosarina ni nada de eso, el loco era hincha de Federal nomás) y encima con la caradurez de sostener que la conversión era válida, que miremos el reglamento FIBA para corroborar.

Obviamente al día siguiente empezaron las quejas, las cartas documento, acusaciones, hasta denuncias hubo. El tema es que esta final desbordó la Rosarina, pasó a la CABB y finalmente se esperó una resolución por parte de la mismísima FIBA. Resulta que no es textual pero es similar. El reglamento decía: “Es valida toda conversión donde la pelota pase por dentro del aro, pudiendo ser esta de 1, 2 o 3 puntos. Y no es válida la conversión si la pelota primero ingresa de abajo hacia arriba”. Claro que no explicaba qué pasaba si la pelota entraba de un costado al otro, de izquierda a derecha o viceversa si lo mirabas del banco de suplentes. Hecha la ley, hecha la trampa, Federal festejó todo ese verano y hasta el héroe de la noche se dio el lujo de dedicarle el triunfo, ascenso y lanzamiento a su recientemente fallecido abuelo, gran jugador de bochas de los campos de María Juana que le había inculcado a este muchacho ciertos dotes de bochista como demostró en la final.

A partir de ahí se modifico el reglamento FIBA en su artículo correspondiente quedando hasta ahora algo como “es valida toda conversión donde la pelota pase por dentro del aro, siempre que este se encuentre a 3.05m…”

Espero no tener que aclarar esto y que se hayan dado cuenta antes, pero obviamente esto no pasó, y aunque no lo crean conozco más de una persona que escuchó atentamente esta historia y la creyó, o hasta la cree actualmente. Que la inocencia les valga.

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21/11/2007
Página del recuerdo
UNA POSTAL DEL TNA

Un extensísimo y no menos insoportable viaje a La Plata fue la excusa que usaron los recuerdos para volver a presentarse. Tal vez el debut de Central en la Liga Nacional B también haya servido como disparador para que la memoria juegue una hermosa carta y permita revivir momentos pintorescos, graciosos, agradables, felices si se quiere para aquellos que entienden que también la felicidad puede llegar de la mano de una actividad deportiva.

Es que el Polideportivo del Lobo platense fue testigo mudo (porque así quedó) de una de las hazañas de Newell’s cuando jugaba en el Torneo Nacional de Ascenso una década atrás. Fue en el marco de una serie de playoffs de cuartos de final, llave que la Lepra ganaría para después caer en semifinales ante Siderca de Campana en donde despuntaba un pibe salido de Saladillo: Hernando Salles. Pero esa es otra historia.

Obviamente que las fotos están impresas en la memoria, pero que no habrá datos fidedignos de fechas ni resultados. Es que ir al archivo –existe- le daría rigurosidad periodística a estas líneas pero le quitaría el cariño de lo artesanal. Es mejor repasar así las anécdotas del paso rojinegro por la segunda categoría del básquet argentino, como se presentan, como quieren ser recordadas.

Tras perder los dos primeros choques de la serie ante el elenco de Adrián Gómez, Newell’s volvió a Rosario con escasas esperanzas de lograr el pasaporte. Había sido un año de los difíciles, con una racha negativa importante como visitante. Las caídas en La Plata habían sido calientes, la presión se había comido a Newell’s. Sin embargo, se empezó a gestar entre los asiduos seguidores del equipo del Parque la necesidad de copar el estadio y de darle un poco de su propia medicina a los platenses. Y así fue. El rojinegro metió presión como pocas veces se vio en el estadio cubierto cuando la Lepra jugaba en el TNA y ganó los dos partidos con una perlita: Cansado de las agresiones verbales de los hinchas locales, el base visitante Raúl Malchiodi se la agarró con un hincha y le sancionaron una falta técnica que fue clave para Newell’s de vuelta el cuarto encuentro.

Otra vez a La Plata para el quinto. Otra vez a jugar fuera de casa, donde todo costaba el doble.

El viaje comenzó con una sonrisa. Un calvo relator local (seguramente negará esta especie, pero el recuerdo volvió así) quiso guiar al chofer a un restaurante y terminó en el estacionamiento de un supermercado, que para colmo, estaba cerrado. Salvo D’Angelo, todos lo tomaron con gracia. El DT estaba pensando en otra cosa. En cómo ganar.

Y en La Plata recibió a los leprosos un clima caliente instaurado por el cuerpo técnico local y por una hinchada que por esos días apoyaba masivamente al Lobo.

Todo estaba armadito. Los medios de prensa del visitante iban justo debajo de la hinchada local para sufrir todo tipo de agresiones. Nadie tenía que estar cómodo.

Pero Newell’s no estuvo solo, porque una veintena de hinchas acompañaron al equipo para alentar desde la platea más cercana a la hinchada local, para que, obviamente, sintieran la misma presión que prensa, jugadores y técnicos.

Los datos del juego son borrosos, pero la realidad es que luego de un choque extremadamente parejo donde el formidable Robert Siler fue importante, Newell’s llegó a los segundos finales ganando por la mínima y Gimnasia tuvo la última pelota. Muñoz ¿o fue Hart? Algún jugador del tripero penetró en la zona pintada leprosa e intentó cambiar el rumbo del duelo, cuando apareció inmensa la mano de Gustavo Monella para tapar el balón al instante en que se escuchaba el más dulce sonido para un equipo que marcha al frente en el marcador: la chicharra final. Después hubo un segundo de festejo en la cancha antes de los proyectiles y de tener que salir corriendo para entrar a un gimnasio donde se encontraron cara a cara todos los que habían llegado desde Rosario creyendo que era posible ganar. La salida fue entre escupidas e insultos, pero el festejo con champán.

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29/10/2007
Página del recuerdo
INOLVIDABLE

Primero a modo de introducción explico por qué estaba allí, jugando una semifinal ó final (no recuerdo bien que era, pero era importante) de la categoría Cadete Menor, como se llamaba en aquella época para el extinto Club Uria, en cancha neutral del Club Policial (Mitre y Catamarca), que en esa época era la cancha oficial de Rosario Central para el Basket, enfrentado al club Arizona (incluido Pipo Barberi y algún otro renegao de El Tala); porque éramos un equipo que se las rebuscaba, sin ser yo más que un mediocre jugador. Pero algo sumaba, sólo por tener más experiencia, dado que siempre jugué con un camada un año mayor que yo, no por bueno, es más, creo  que porque cuando  llegué al club (empecé en El Tala de Beto Solari) tarde y no sabían donde ponerme, caí con esa banda. Imaginarse al gallego Gomez Uría de defensor rebotero, haciendo pareja con Torres, media cancha Raul Duarte, Enrique Fernandez, y al principio el Turco Tela Gabriel. Era un buen equipo para el medio. De tanto jugar con ellos (más veteranos) algo mejoré y siendo más chico me servía cuando jugaba en mi categoría con Gogui y otros.

No quería dejar de contar porque rara casualidad yo estaba jugando un partido definitorio del campeonato de Rosario.

Ahora la anécdota en cuestión, es una raresa para la época, para nosotros seguro, porque las prácticas eran picados, la entrada en calor era unos tiros de media cancha antes del picado con el DT de turno (pudo ser Alberto Pezón, sí,  así se llamaba, TETA para los amigos), que lo único de DT era que se sentaba en el banco en los partidos y hacían los cambios, cuando tenia jugadores suficiente. Quién se puede imaginar circuitos de lanzamientos, bandejas, defensas, contragolpes (tres calles), todo desconocido. Ese era el escenario de basket de la época, sigo extendiendome con detalles para entender la raresa, repito que nos ocupa. Era, calculo el año 69, los habilidosos brillaban por su ausencia (otra época lo sé), manejar las dos manos, ni en dope, solo PICABAMOS CON LAS DOS, y muy bien,  el salamín, el queso y las aceitunas negras del buffet del club.

Sabado a la tarde, estamos en el medio de la cancha para el salto inicial, el juez lanza la americana (plastico naranja, toda una novedad), cachetean entre los dos y la bola sale para el medio y cae delante mí en dirección al cesto de Arizona, lo cual me insita a correr hacia el aro con la pelota capturada y apareado con un adversario, inicio el movimiento básico para realizar la bandeja, dos pasos y hacia arriba. Pero seguramente el primer paso lo hice con el pie cambiado y termino la bandeja al revés con lo cual no tuve más remedio que tirar para arriba con la izquierda (la inútil), y fue DOBLE. Sí BANDEJA DE ZURDA, como me voy a olvidar de la hazaña. Mi primer bandeja de Zurda a los 16 años. Hoy inadmisible ¿NO?

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11/10/2007
Página del recuerdo
TODO POR UN ASADO

Cuantas historias se pueden contar en un solo espacio. Una o mil,  los personajes, rodearon mi vida de adolescente junto a la cancha de básquet de CAOVA, que estaba enclavada donde hoy esta el salón y tenia medidas de cancha en serio.

Juntarnos después de entrenar o de algún partido rodeando el buffet, que en aquellos días de esta anécdota concesionaba Rinaldi.

Algunos muchachos que de botar el balón y encestar sabían poco, se les ocurrió formar un equipo para participar en el torneo de novicios, como para despuntar el vicio, porque si algo aprendí es que este jueguito de mierda es un vicio que te llevas a la tumba, sin que ninguna organización de rescate pueda salvarte, un verdadero  VIAJE DE IDA.

Claro, que la suerte del equipo estaba echada antes de comenzar el torneo. Invictos sin ninguna victoria, y por supuesto, la pregunta después de cada partido era, por cuanto  perdieron.

Gimelito y yo, decidimos por no tener nada que hacer en la primavera y verano rosarino, seguir la campaña del” drink team “, porque después de cada partido el moscato , si moscato leyó bien, era la bebida de moda y a los muchachos a la hora de conseguir fondo blanco no les ganaba nadie.

A pesar de disfrutar lo lúdico, las derrotas consecutivas, semanas tras semanas, empezaron hacer mella en los integrantes de five, sobre todo por las chanzas de los que no jugaban a nada, pero cargaban a todos.

Un día del buffetero, se jugó,” si ganan un partido hay un asado gratis para los integrantes del plantel “, el hombre sabia, que tenia a su favor todos los números del talonario, pero nunca imaginó que su reto hizo poner en funcionamiento las pocas neuronas de todos (jugadores y seguidores, en realidad éramos dos).

Una noche después del desafío, había que ir a jugar a cancha de Fisherton, aquella al aire libre y con piso de polvillo.

Apenas llegamos Gerardo (que no era otro que Gimelito) le dice al Coqui  Navarro, unos de los muchacho integrante de aquel equipo de incapaces basquetbolistas, “anda firma la planilla y dame la camiseta”, Gerardo la rompía en cadetes menores (nominación de aquellos tiempos), pero se necesitaba la complicidad para cerrar la broma del hombre que era planillero, un bancario, tesorero del club, que entendió la propuesta.

Los contrarios no se iban avivar, porque como todos los equipos de esa categoría casi ni se conocían entre ellos, menos conocimientos del adversario, y el árbitro, nuevito el hombre, porque ese torneo se utilizaba para que hicieran sus primeras armas.

La misa en escena esta lista, empezó el partido, y Gemelito metió los 45 puntos de los nuestros contra los 44 de los muchachos con camiseta del Aston Villa.

Regreso a la zona sur, más allá de la medianoche. Algunos viejos socios amantes del amargo, sentados tomando fresco sobre el pedregullo que rodeaba la cantina, y todos nosotros con el pacto de mantener el secreto de la vía utilizada para lograr la victoria que acreditaba la planilla del juego, que se la llevaba el ganador, para entregarla en la Asociación . El tesorero en silenzio stampa, y el Coqui, con la prueba en sus manos llegó hasta el mostrador, para decirle a Rinaldi, que debía pagar la apuesta. Nunca olvidaré la cara del hombre, estupor, asombro, incredulidad y por supuesto, solo tenía una garantía de que aquello no fuera cierto, el planillero, hombre probo como pocos que conocí , debe haber asentido la primera y única mentira de su vida, recuerdo aún sus palabras “es cierto, Navarro la rompió”.

La apuesta fue pagada, el asado disfrutado como pocos, y el secreto mantenido hasta hoy.

En alguna cantina del cielo, Rinaldi, le hará algún reproche a Gimelito y al bancario, pero la charla terminará con alguna sonrisa y un  copetín de por medio.                                   

Jorge Leone 

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04/09/2007
Página del recuerdo
Brillará Blanca y Celeste, LA CUEVA CONSTITUCIóN

Seguramente las fechas carecerán de exactitud y algunos nombres estarán equivocados. Es más, es muy probable que no sea el más indicado para escribir estas líneas. Razones sobran, por la edad (corta), por una memoria que no es de las más lúcidas y por una marcada subjetividad hacia la mayoría de los personajes de esta historia. Muchas de las cosas que ocurrieron entre las gastadas y grises paredes del club de la calle Urquiza forman parte de mi anecdotario simplemente porque me las contaron, con el profundo riesgo que acarrea el boca en boca.

Nunca jugué bien y tengo recuerdos de muy pocos partidos dentro del rectángulo, es más, fui socio apenas por unos meses (si es que lo fui alguna vez). Tampoco soy de esos que estaban todo el día en el club; lo hice de chico y me tocó volver casi a los 17 años, cuando me iniciaba en el periodismo. Fue el momento de reencontrarme con muchísimos amigos, de la vida, de la escuela, del barrio; esos que hace años no te ven pero que te saludan como si hubieran almorzado con vos ese mismo día. El inconfundible código de un barrio y de un club que sabe conservar de manera irrefutable el sentido de pertenencia: si creciste ahí, sos de ahí, sin importar lo que hagas o lo que pase. Algo similar a la amistad, pero todavía más concreto.

Me dijeron que un equipo de la C volvía a jugar tras varios años y había pagado un micro en un programa de radio para cubrir los partidos. “Es Sportivo Constitución”, comentaron. “¿Lo conocés?”, fue la pregunta. “La Cueva”, fue la respuesta.  

El técnico era Gustavo Lafranchi. Más que técnico era un amigo, más que amigo era un pariente lejano. O la mejor definición: un pariente lejano pero un amigo cercano. Jugaban el Negro, Tateano, el Chivo, el Dani, el Cabezón, Pepito, y los hermanos McCormack, algunos de los amigos y conocidos de la infancia. Era prácticamente un equipo integrado por jugadores que estaban en las inferiores del club y que se habían quedado sin lugar cuando dejó de hacer básquet.

Para aquellos desprevenidos, Constitución fue un gran protagonista de los torneos locales, a veces en el ascenso, a veces en primera. En algunas ocasiones resaltado por éxitos deportivos y en la mayoría por incidentes que tienen más que ver con lo policial. Se sabe –y si no saben les cuento–, jugar en La Cueva no era sencillo y salir tampoco.

Pero volviendo a un pasado no tan lejano, las imágenes fueron impresionantes en el retorno. A pesar de vivir a 200 metros del club no había cruzado las puertas de chapa desde varios años atrás. El televisor en lo alto, las mesas de cafetín de los vejetes y el olor a empanada frita ofician de recepción. Nada había cambiado, o muy poco.

Ese primer día fue saludo tras saludo y la emoción de escuchar el sonido de la pelota contra el sucio y frío mosaico. Poca luz, mucho humo por los choris y el técnico que no estaba. Lo fui a buscar a Gustavo, y no había muchas opciones: puerta corrediza hasta la sala de juego. Entre la nube generada por los cigarrillos y los gritos provenientes de las mesas hubo que avisarle al entrenador que era hora de la charla técnica, que el partido tenía que empezar.

No sé bien cómo fue, pero me contaron que por esos días llegó un pibe de Pergamino con un bolsito, que quería jugar al básquet en cualquier club y le dijeron que en Constitución podía tener lugar. Pelo largo, flaquito, pero dueño de la mano más tremenda de la categoría y, según demostraría a lo largo de los años, de la ciudad. Denis Ortenzi fue la carta para convertir a Constitución de participante a candidato y luego para hacer la metamorfosis que lo llevó de candidato a campeón.

Fue el retorno al básquet de un club querido por muchos, odiado por otros tantos, pero que a pesar de su habitual rudeza despierta simpatías. Simplemente porque pocos entienden cómo puede llenar una cancha en una final si no tiene más de 50 socios. La mayoría ven con curiosidad las cosas que allí ocurren, como que tenga en lo alto del gimnasio tres camisetas retiradas en homenaje a sus ídolos del pasado. Casi NBA.

Como casi todos los clubes de barrio, La Cueva tiene sus leyendas urbanas, como cuando era obligatorio tener tableros de acrílico y dicen que se pudieron comprar con el dinero obtenido por el cambio de un voto en una asamblea.

Como cuando al Bebe Calvente le traían a la novia desde Tucumán en la previa de los partidos para que esté contento.

Como la victoria en Saladillo ante un equipo que tenía entre otros al Pini Salles. Fue con 50 de Ortenzi, con el Richard y el Ale repartiendo de lo lindo. Si el perro que vivía en el club y que siguió al colectivo de la hinchada hasta la zona sur se metió a parar un contragolpe de los locales.

Como el aro que se movía ante cada tiro libre rival. Un día un árbitro recién llegado a la ciudad se atrevió a decirle a los hinchas que paren de empujar la jirafa y obtuvo una clara respuesta de uno de los integrantes de la barra: “Acá siempre movimos el aro”. Ya el Negro, Tateano, el Chivo, Ortiz, Caripela, el Cabezón, el Ñato, Madera eran todos hinchas caracterizados.

Es verdad que hay cientos de historias que tienen que ver con agresiones, golpes, corridas, puntuales cortes de luz y demás, pero no vienen al caso. También hubo muchas derrotas, pero tampoco importan. Son mucho más divertidas las anécdotas del humo de la parrilla impidiendo la visión cuando ataca el rival, o ver a la hinchada comiendo tras el aro en una larga mesa de frente al partido que se estaba disputando.

Después llegó el ascenso a primera y vinieron los subcampeonatos ante el tremendo Central del Turco Grimaldi. Imaginen la dura pero feliz (o infeliz) tarea de comentar un partido donde querés ganar tanto como cada uno de los jugadores o de los hinchas. Pero después vinieron los problemas económicos y la desafiliación. Después todos los pibes se quedaron sin club. Y ahora cuesta arrancar. Y es muy triste.

Pero un día volverá Lafranchi y por ahí Poroto. Y todos los que pasaron por la Cueva pondrán su granito de arena para el retorno. Es más, por ahí Ortenzi se da una vuelta. No sé si era el indicado para escribir sobre La Cueva. Apenas si pude ver una parte chiquita de la historia. Ahora espero poder escribir sobre lo que vendrá.

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10/08/2007
Página del recuerdo
AMOR POR LA CAMISETA
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19/07/2007
Página del recuerdo
Pan de leche, la rueda y los timberos

Resulta que en un pueblo de los tantos que hay en el sur de la provincia de Santa Fe, como tantas veces sucedía, cambió el Comisario.

La nueva autoridad, respondió al clamor de las fuerzas vivas de aquella pequeña comunidad, prohibiendo el juego por dinero en todas sus formas posibles.

Los que provenimos del interior sabemos el impacto que generalmente causan y causaban estas medidas, sobre todo cuando estamos hablando de una época en que “la timba” tenía una mayor ponderación a la que todavía hoy presenta, como alternativa de divertimento.

Para que se ubiquen en tiempo,  los canales de televisión tenían las señales de Rosario o de Buenos Aires (nunca ambas), pero no precisamente por cable, sino por unas antenas receptoras de casi 9 o 10 metros que se situaban sobre el techo de cada casa, internet era una utopía y en materia basketbolística, si bien las canchas cerradas prácticamente no existían,  comenzaban a “aparecer” muy puntualmente las pelotas “americanas”, naranjas, hermosas y perfectas para el juego que más nos gusta.

Así las cosas, la medida policial generó una “desorientación” circunstancial en la “franja jugadora” de la población, a la que hubo destinada toda una ingeniería e inteligencia orientada al cumplimiento del viejo dicho “hecha la ley, hecha la trampa”.

La infancia de los pibes en aquella época era bastante simple, por la mañana el Colegio, y por la tarde el Club, donde nos repartíamos con una sencillez que a la distancia cada vez envidio más, entre fútbol, basket y natación (ésta última  en el verano)

Algo llamativo ahora para el relato y que deberá tener alguna explicación desde la psicología o la sociología, es la convivencia pacífica en los clubes de aquella época , entre el  espíritu “mens sana in corpore sano” del deporte en la parte externa, para decirlo de alguna manera, con el “vicio del juego” que generalmente se desarrollaba en la sede, previendo inclusive “salitas internas  particulares”para el juego fuerte.

La “masa desocupada de la timba”, ante la negativa del Conserje del club a vulnerar, incentivos mediante,  lo instituído  por el nuevo Comisario, comenzó entonces a vagar por los ámbitos deportivos del Club al sólo efecto de matar el tiempo, desde la hora en que habitualmente llegaban comidos o no ( 12:30 hs) hasta que se hiciera el tiempo de volver al trabajo (15:30 hs) con lo que concluirán también que el horario corrido por la timba o por la siesta, era y será de imposible aplicación en el interior.

Casualmente los pibes  que nos dedicábamos al basket entrenábamos a las 16 hs., pero habitualmente estábamos desde las 12:30 hs. comidos o no, jugando a la “rueda” o el “reloj”, para perfeccionar el lanzamiento “de arriba” y evitar el bochorno al que nos sometía el profesor cuando en los entrenamientos o en los partidos, no resistíamos la natural tentación a “tirar de abajo”.......”COMO LAS MINAS,..... GIL!!!!” según la cuidada técnica pedagógica de nuestro entrenador, para más datos  fotógrafo de eventos sociales del pueblo, como actividad principal de sustento.

Otra herejía, era el “tirito con tablero”............ESO ES PARA LOS TRONCOS....BURROS!!!!. ..nos decía aquel formador de baloncesto moldeado en la escuela de la calle, y que para nosotros era palabra santa.

Qué boludos estos americanos, poner semejante tablero de madera sólo para la entrada en bandeja!!!!!????? Si hubiéramos conocido la “volcada “ en aquella época, hubiéramos concluido en que los “yonis” eran  unos boludos completos..............Hoy al verlo a DUNCAN   pienso....que boludo que fuí !!???como nunca pude superar ese prejuicio de usar más el tablero.........

Como en todo grupo de pibes  había un “gordito”, naturalmente el más rebelde y obviamente el menos dotado físicamente para las técnicas de lanzamiento que nos imponía nuestro “head coach”.

 Lo habíamos apodado PAN DE LECHE , por lo redondito y blanquito.

Esa tarde con los timberos como espectadores comenzamos la rueda habitual previa a la práctica, según el siguiente reparto:

Carlitos, el exiquisito dribleador, pero flojo de tiro, Marcelo, mucha fuerza y poca cabeza......”DEDICATE A LA LUCHA LIBRE  PERO NO A ESTO, PIBE ¡!!!! ”, lo había “estimulado” nuestro orientador técnico en la última práctica, Yo como el portador del delicado equilibrio entre  el pique, el pase y el tiro, y el gordo PAN DE LECHE un “negado” a la nueva ciencia del lanzamiento y obvio que “carne de cañón” por su poco ortodoxa mecánica.

Así fuimos pasando por las estaciones  de la “vieja llave”, pasamos luego a las esquinas, para llegar a los “fules”........cinco alternados o tres seguidos...........para culminar con el lanzamiento desde la mitad del campo.

Allí estábamos en el medio de esa vieja cancha abierta de granito sin pulir, con los “timberos” acodados en la “baranda” mirándonos, desde hacía más  media hora intentando buscarle la vuelta para convertir, contra la física pero fieles a los preceptos técnicos aprendidos , hasta que  PAN DE LECHE superando  su rebeldía,  sus propias limitaciones, nuestras risas y la de los timberos......llegó al círculo central...........otra media hora después.

El Gordo nos miró con los ojos en una mezcla de odio y revancha, se paró en círculo chico del círculo grande, de frente al aro del norte, agarró la bola con las dos manos, la puso entre sus piernas flexionadas para la ocasión, infló con aire sus pulmones y cachetes, balanceando un par de veces los brazos, no estoy seguro, pero me parece que cerró los ojos.....y la tiró........

Esa bola “de cuero” subió dando vueltas, por encima inclusive de las tiras de la iluminación, con la fuerza que creo le dieron  tantas tardes de humillación, pegó en el cuadro chico del tablero de madera, haciendo un ruido, que todavía recuerdo, y por el efecto que llevaba entró “inflando” la red.............decretando además el final del juego, con él como ganador.

El Gordo PAN DE LECHE lo gritó desde el alma, y nos miró “amenazador” , con un gesto que sólo le ví a Shaquille muchos años después cuanto te la vuelca en la cara, esperando que alguien le dijera algo. Carlitos intentó una tímida apelación...........”GORDO? de abajo y con tablero no es lo correcto”.........a PAN DE LECHE le cambió la cara de amenazante a “canchero” y lapidó contestando.......No será correcto, PERO VALE IGUAL ¡!!!!!!!

Después de muchos años me explicaron  por qué en ese mismo instante El Flaco Aníbal y Josecito, los máximos exponentes del vicio en el club,  se fundieron en un abrazo,  con el mismo sentimiento que El GORDO transmitía...........El “pelado” Omar me lo confesó café de por medio.......PAN DE LECHE esa tarde “pagaba” 10 a 1.-

 

Ahí comencé a comprender inconcientemente que, en este hermoso juego, como en la vida misma, lo ideal no siempre va de la mano de lo que conviene.....

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25/06/2007
Página del recuerdo
Desde los balcones al Campeonato Mundial

Desde los balcones de la calle al Campeonato Mundial

Ante la solicitud, que con agrado recibimos, en la cual se nos pedía escribir la historia de Osvaldo Venturi, campeón mundial de basquetbol, lo primero que se nos ocurre es expresar que es un gran honor que nos hacen y que nos comprometemos a ser todo lo objetivo que pueden ser los hijos cuando hablan de sus padres. Intentamos comenzar el recorrido desde el principio, en consecuencia comenzamos con el pintoresco acercamiento de nuestro padre y el Basquetbol.

Primeros contactos con el deporte

Un grupo de chicos de barrio..........(inmediaciones del Club Oroño y Sportivo América) incentivados por un deporte que comenzaba a popularizarse, jugaban al basquetbol en la calle (como cancha )y con los balcones (comunes en las viviendas de la época ) como creativos aros. En uno de esos juegos se cruzó en su camino (digamos que DESTINO) otro grupo de chicos que también jugaban este deporte, pero por tener una situación económica más holgada, podían hacerlo en un club. De este contacto surgió un desafio, los pibes de la calle frente a los pibes del club. Se realizó el partido en el Club Oroño y finalizado el mismo los directivos invitaron al grupo de los balcones a integrarse al club. Esa especie de beca hizo que nuestro padre comenzara a jugar el deporte oficialmente.

Comenzando en el Club Oroño, luego a Sportivo América, después a Central y finalizando su carrera en el Club Peñarol de Elortondo.

Selecciones

En lo que se refiere a selecciones lo hizo en la de Rosario, en la de la Provincia de Santa Fe y en la Selección Nacional, con la cual lograron el campeonato mundial del año 1950.

Nuestro padre nos contaba historias de esta selección , de sus internas, de su preparación, y de los torneos en sí mismos. De todas ellas rescatamos algunas que intentaremos relatar para pintar la situación contextual de la época. En principio nos vienen a la memoria nombres de compañeros de las selecciones de Rosario y de la Provincia que él siempre recordaba, al Titi Giamni, el Flaco Anselmo, el Negro Álvarez, Ricardo Ottone, los hermanos Battilana, el DT Caballero, Hugo Baudraco

Alegrechy, Crespi, Peralta.

Y por supuesto a sus compañeros de selección nacional campeona del mundo, Lozano y  Del Vecchio

 De la selección del 50 nos sorprendieron especialmente dos cosas, la primera la gran preparación, algo que no era común en aquella época. Fueron 6 meses de concentración en el Club River Plate con trabajos de gran nivel, físicos, técnicos, psicológicos y tácticos. En este último punto pudimos leer las carpetas donde se observan sistemas de juego de ataque y defensa, conteniendo un gran nivel estratégico. En lo psicológico y social tenían especial atención , les facilitaban los contactos con la familia y cosa curiosa una o  dos veces por semana llevaban a la concentración a los mejores artistas para que presentaran sus espectáculos especialmente al plantel. No se reparaba en gastos con tal de mantener al plantel en el mejor estado psicofísico.

La otra situación que nos llamó la atención pero en este caso como algo totalmente negativo fue cuando fueron declarados jugadores profesionales, por haber recibido como premio por el campeonato mundial un viaje a Bariloche para cada jugador y su familia y un pase de aduana para poder  traer al país un auto importado. Pero en realidad se lee entre líneas que fueron los chivos emisarios de la lucha que tenía en ese  entonces el interior contra Capital Federal. No queremos profundizar sobre un tema del pasado, pero no existen dudas al respecto, ya que esto fue corroborado con el paso del tiempo por referentes de las dos posiciones en disputa.

 “A paso de tortuga el vetusto colectivo, trepaba hacia el obelisco por la calle Corrientes, con los cuerpos de los jugadores fuera de las ventanillas. La gente en la calle los homenajeaba, prendiendo con los diarios enrollados, miles y miles de antorchas, una lluvia de papelitos caía como si hasta en el cielo estuvieran festejando”.

(Diario La Nación , describiendo lo que se dio a llamar  LA NOCHE DE LAS ANTORCHAS)

Cuando dejó de jugar tuvo un largo recorrido como director técnico, comenzó en el Club Peñarol de Elortondo, donde aún recuerdan sus enseñanzas, después fue al Club Studebaker de Villa Cañás, las selecciones de Asociación Firmatense y Venadense y en Rosario los Clubes Sportivo América  y Rosario Central y la selección  de la Asociación Rosarina. Creemos que la dirección técnica le gustaba, pero que nunca llegó a sentir un placer semejante a lo que había experimentado como jugador.

 Más allá de sus éxitos deportivos  en lo que hace a títulos logrados, en todos los núcleos donde actuó, o el reconocimiento popular dado  que técnicamente era un jugador adelantado en sus fundamentos individuales y la comprensión del juego y  que por supuesto nos hace sentir un especial orgullo cada vez que lo recuerdan.

Como hijos llegamos a una emoción muy profunda cuando nos dicen:

 “Tu viejo era un gran jugador, pero el loco sobre todo era una persona excelente, un gran tipo”

 Edgardo Venturi                  Eduardo Venturi

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05/06/2007
Página del recuerdo
EL CLUB URíA SEGUNDA PARTE

Como esto  arranca allá por el año 1884 y por esa época yo no tenía todavía planeado nacer, tuve que recurrir a que me contaran esta parte de la historia.-

Como quien me la contó es mi viejo ….  y un poco lo conozco, no me hago cargo si en el medio va algún bolazo y  lo peor es que a él también hay una parte que se la contaron….entonces  lo mejor es que Dios nos ayude y que salga lo mas parecido posible a la realidad.-

Ahí va.

Dicen que por esos tiempos la calle Alem era camino  hacia el puerto. En su encuentro con 9 de Julio había un gran galpón que se había convertido en parada obligada de los troperos y changarines que bajaban hacia la costa del puerto.-

Señores…. les estoy hablando del Bar y Despacho de bebidas Uría.- 

Un buen mostrador de estaño, piso de tierra bien apisonada y regada a cada rato para que no levante polvo, algunas mesas, cancha de bochas, naipes y hasta el juego del sapo.-

El dueño…mi tío abuelo, Don José Uría.-

Pasaron los años y también llegó de España mi abuela, Doña Elvira Uría de Gómez, viuda y con sus 6 hijos a cuestas; entre ellos mi viejo.-

Por la cabeza de Don José ya pasaba la idea de cambiarle la cara al boliche que a esa altura   gozaba de gran  popularidad entre los muchachos del Colegio Nacional y los pacientes del Hospital de Caridad.-

Paredes de ladrillo, piso de mosaicos, techo de material, billares, mesas de naipes y hasta un par de baños fueron las grandes innovaciones del ahora llamado “Café y Bar Uría”.-  Se ve que el tío José no era muy original para los nombres, donde podía le mandaba el Uría.-

Estamos hablando de los años 1926 al 1930 y esto que viene ahora es bolazo puro, pero me lo tengo que imaginar así porque sino no puedo seguir.-

Dicen que un día del año 30, Don José le dijo a mi abuela:

-“ Elvira, con tantos muchachos que vienen al bar, no sería bueno que les buscáramos un lugar para que jueguen al fútbol, no les vendría nada mal hacer un poco de deportes”;  por supuesto que todo esto dicho en un irrenunciable  acento español importado de su Asturias natal.-

Seguro que fue así.-

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21/05/2007
Página del recuerdo
EL CLUB URIA

INTRODUCCION

Cuando Marcelo Bloch me invitó a participar en su sección de la Página del Recuerdo y  me pidió que escribiera algunas líneas sobre mi querido Club Uría, obviamente no lo dudé ni un instante, porque me pareció la mejor oportunidad de saldar cuentas pendientes.
El Club Uría fue fundado allá por el año 1930 en la calle Alem 1272 de nuestra Ciudad de Rosario. En su fundación tuvieron activa participación Don José Uría, mi tío abuelo y Doña Elvira Uría de Gómez, mi querida abuela paterna, dueños por ese entonces del Café y Bar Uría que se encontraba ubicado en la esquina de 9 de Julio y Alem.
En enero de 1971 la propietaria del terreno que el club alquilaba, decidió venderlo a una empresa constructora y en muy pocos días fue demolido. Hoy en su lugar hay 2 imponentes edificios que se empeñan en querer hacernos olvidar que allí pasaron muchas cosas  imborrables de nuestras vidas.
Fueron sólo 41 años de existencia, pero todo lo que dejó atrás fue muy
importante  para quienes fuimos en mayor o menor manera partícipes de su historia. Y tan importante fue y será en nuestras vidas que nunca terminamos de despedirlo.  Por eso es que valgan también estas líneas como el mejor de los homenajes a esos 150 hombres y mujeres, todos ex socios del club que desde hace más de 15 años en forma consecutiva se reúnen  cada  mes de noviembre convocados por ese increíble personaje, mezcla de santiagueño y rosarino “el Turco Victor Abdulajad” para recordar cada vez las mismas anécdotas y cuentos de su querido Club Uría.  A pesar que   cada año el tiempo irremediable e irreversible se empeñe en traer una  nueva mala noticia……y algún lugar deba quedar vacío, mientras quede uno solo de ellos estoy seguro que el glorioso Club Uría no va a poder descansar en paz........... y ojalá sea así.

Esta nota tiene dos partes.-  La primera habla sobre mi recuerdo del Club y   en la segunda que será en una próxima entrega, trataré de contarles sobre su historia y hechos salientes que he podido recopilar.-

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